Abatido el tiempo,
muere el reloj a mis pies,
y el verbo adherido a mi piel,
lento se resquebraja.
Hiere el silencio
con sabor a soledad,
y el eco de uno mismo,
es remanente compañìa.
Distinto azul,
las mismas aguas,
y el despojo del viento
que traía tu voz,
rasga mi piel,
agrieta mis manos,
y es tu palabra,
la que hoy me falta...
Raquel Martínez.
(D.R)
domingo, 8 de agosto de 2010
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